El Banco Mundial
sitúa a España en el número 62, sobre
un conjunto
de 183 países, de sus rankings de competitividad o facilidad
para hacer negocio en 2010. Ese puesto refleja claramente un descenso
de 11 posiciones respecto al año anterior debido
principalmente
a las trabas burocráticas que encuentran los empresarios
para
empezar a emprender, contratar, tener la facilidad a la hora de hacer
frente a trámites administrativos, registrar propiedades,
obtener créditos, pagar impuestos, en definitiva, para poner
en
marcha cualquier iniciativa. Así, en España se
emplean 47
días para iniciar los trámites de apertura de un
negocio
y precisamos de cumplir 10 procedimientos administrativos.
Por consiguiente, es
necesario expresar los principales problemas de hacer negocios en
España en el 2010, según datos del Foro
Económico
Mundial:

FUENTE:
Construcción
Propia con base al Reporte
Mundial de Competitividad del Foro Económico Mundial
2010.
Ítems
de
Interés

No obstante, algunos
de los negocios más rentables en España en la
actualidad,
son las reformas de viviendas, el catering (tanto para empresas como
para particulares), la compraventa de productos como el oro, productos
tecnológicos y la venta de objeto de segunda mano.
Dentro del campo de las negociaciones, en España la
comunicación a nivel individual de los empresarios se
inclina
por estilos de negociación indirectos; la raíz de
estos
estilos se basa en no acometer directamente el asunto a tratar, es
decir, que cualquier trato, pasa por el cedazo de las reuniones
educadamente informales, donde los gestos, el lenguaje corporal y el
contacto físico son manifiestos.
El establecimiento del tiempo es también una variable a
tener en
cuenta a la hora de negociar en España, ya que una
reunión imprevista, impensada, nunca será del
agrado de
los empresarios españoles; porque estos prefieren,
establecer
fechas ya previstas en sus calendarios o agendas,
decantándose
en más de una ocasión a reunirse en una comida de
negocios.
Además en la negociación propiamente dicha, los
españoles se muestran competitivos y valoran las relaciones
a
largo plazo, dicha competitividad se manifiesta en la
característica de ser reacios a intercambiar
información
de manera abierta, centrándose sobre todo en contemplar
más el panorama global en lugar de examinar los detalles del
negocio punto por punto, buscando principalmente llegar a un acuerdo
inicial, dejando los pormenores para más tarde. Una vez que
el
acuerdo se cierra, los españoles confían sobre
todo en el
compromiso de los socios más que en las firmas que avalan el
acuerdo por escrito.
Finalmente, el carácter del negociador español
normalmente es autónomo y no delegador, mirando siempre por
el
interés de la organización en la que trabaja,
siendo
éste en todo momento el principal responsable en el proceso
de
toma de decisiones.